Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné

Portada de Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné

Portada de Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné

Literatura Mondadori, 320 págs.

Reseña publicada por la revista OtroLunes

Jon comienza narrando un viaje con su mujer, Helen, a un balneario, como intento in extremis para salvar su matrimonio, una relación dialécticamente tortuosa. Ambos quieren pero parecen no poder arreglar las cosas. Helen corre y desaparece y él va tras ella. Jon se remonta a los tiempos en que se conocieran en Madrid (antes de instalarse en Barcelona, donde él es hijo de una buena familia en peligro de irse a menos) y comienza a contárselo a su segunda mujer, un matrimonio posterior al de Helen. Uno de los grandes hallazgos de Divorcio en el aire es el modo en que el autor maneja el tiempo de la historia, cómo pasa de un tiempo a otro sin previo aviso, estableciendo a cada paso un singular vaivén desde el pasado a un tiempo aún más remoto, y luego al presente, que es un tiempo muy posterior al del arranque de la novela… Gonzalo Torné moldea el tiempo para dar cabida a su antojo a los más minuciosos detalles de la historia, para alcanzar niveles extremadamente íntimos, psicológicos, y además hacerlo por extenso sin que la historia pierda interés (al contrario).

En uno de esos saltos sin previo aviso, Jon y Helen (un joven catalán de familia burguesa y una joven norteamericana que disfruta de las noches en España), tras conocerse en Madrid, se instalan en Barcelona, donde él comienza ocultándole a su familia. Finalmente accede a presentarle a algún miembro de esta: su madre se encuentra en un piso, sola, medio loca desde antes de que su padre la dejara. En esa primera visita, Helen descubre también algo terrible sobre el padre de Jon.

Los personajes de Divorcio en el aire resultan extraordinarios por la minuciosidad y el rigor con el que sus vidas están contadas. La voz de Jon, personaje principal y narrador, resulta lúcida y analiza hasta un extremo radiográfico sus sentimientos ante cada situación que se le hubo planteado, y tampoco  escatima en elucubraciones sobre lo que cree que sucedió a los demás personajes en cada preciso momento. Jon atesora además una forma muy personal  e inimitable de ver las cosas. Es un personaje específico. Resulta memorable por su modo de razonar e interpretar el mundo.

Los personajes de Divorcio en el aire están perfectamente poli dimensionados gracias a la voz compleja del narrador, y resultan conmovedoramente reales. Helen, sexualmente muy placentera, una amante que parece tener las mismas apetencias que un tío, que cae en el alcoholismo a fuerza de divertirse con su marido en la noche barcelonesa, con aspiraciones sociales pero que no encaja en la alta sociedad catalana a la que él pertenece, de la que él parece huir porque observa que sus negocios se van al garete y cree que están más seguros –tanto él como ella— si pone un poco de distancia con personas que no les perdonarán su ruina, que no dudarán en humillarlos llegado el momento. La hermana de Jon, que no puede tener hijos, casada con un empresario enclenque en cuanto su padre desaparece, más por guarecerse que por amor, lo que admite con cinismo, y que tiene una capacidad verbal descomunal para humillar a su hermano –que no se defiende por pena hacia ella— y joderle la vida y su matrimonio por simple y llano resentimiento. Los personajes están bien insertados en el espacio histórico, a través de ellos se sugiere y narra complejamente la sociedad en la que se mueven. El autor consigue situar la narración en un plano al que solo se puede acceder a través de la buena literatura.

El estilo es lo suficientemente personal e intransferible, excepcionalmente interesante por literariamente específico en las apreciaciones que el protagonista realiza sobre la realidad: prácticamente en cada frase el narrador dice algo que nos espabila por cómo está dicho y la rotura de algún cliché o la sorpresa de transgredir la previsibilidad de lo dicho para acabar convirtiéndolo en algo original y bien encarnado en la voz del personaje. La novela resulta densa, pero no por retórica, sino porque al conseguir situar la narración en planos que son de calado psicológico y sociológico prácticamente en cada frase acaece algo de cierta relevancia. Admirable y talentoso trabajo el de Gonzalo Torné.

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