Reseña

Sobre “La manzana de Nietzsche”, de Juan Carlos Chirinos

Reseña publicada en A vuela pluma, la revista hecha desde el Café Gijón

portadalamanzanaThumb_3Es puro Juan Carlos Chirinos el de estos cuentos de La manzana de Nietzsche que el editor David Cabrera ha tenido el acierto de adjudicarse para Ediciones La Palma (2015). Novelista, ensayista, biógrafo y cuentista, es en este libro –pienso— donde se encuentra lo mejor de todos los Juan Carlos Chirinos que conocemos, esto es, el destilado sabio de lo ya apuntado en sus libros pasados, el primero de cuentos, Leerse los gatos, y el segundo de cuentos, Homero haciendo Zapping: su poética genuina de andino culto en quien desembarca toda la cultura de Occidente, de Parménides a Bugs Bunny y los videojuegos, pasando por Simón Bolívar y Valle-Inclán. También confluye aquí lo que ha aprendido biografiando a “Olimpia, madre de Alejandro Magno”, o a Miranda, el nómada sentimental, o a Albert Einstein por medio de unas “cartas [sólo] probables para Hann”; y lo atesorado en la escritura de varias novelas tan contemporáneas como sólidamente entroncadas con la tradición: de la Venezuela malandra de El niño malo cuenta hasta cien y se retira a lo vampírico de Nochebosque o lo fantástico del Madrid de Gemelas.

Sus cuentos de La manzana de Nietzsche son, también, historias sólo probables de varios personajes históricos, “grandes relatos sobre escritores, monstruos, santas y magos itinerantes”. Los protagonizan (secundarizan y hacen cameos en éstos), por supuesto, Nietzsche y su manzana (una manzana que es todo lo contrario que la de Isaac Newton, pues no cae sobre Nietzsche para alumbrarlo sino que irrumpe en su vida en forma de máquina para destruir su prosa y su pensamiento), pero también Piaget, Chomsky, Leónidas y Demóstenes, entre otros muchos. Los relatos de Juan Carlos Chirinos quedan suspendidos, profundos, en una suerte de limbo telúrico e hipnótico (es decir, literario) entre la belleza de la prosa y la heterogeneidad de lo que nombra, y, sobre todo, entre la Historia, la literatura y la ficción: ni siquiera entre realidad y ficción, pues lo suyo es más interesante y personal y, me atrevería a decir, más difícil y logrado.

La literatura “sirve” (sin que necesitemos su utilidad en absoluto) para nombrar lo no claro, posibles ocasos o transparencias o sfumatos de la realidad, y lo no claro que nombra Juan Carlos Chirinos es de una calidad que requiere de un gran conocimiento, para poder cristalizar en ese lugar impreciso, difuminado, hecho de técnicas narrativas, tradición, Historia y fabulación. En un tiempo de excesiva claridad –obscenidad— literaria, conviene recordar, mediante la lectura de los cuentos de La manzana de Nietzsche, cuán bello puede resultar el mundo cuando se le alumbra allí donde la incertidumbre y el abismo.

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