Reseña

La mala luz, de Carlos Castán

Reseña publicada por la revista digital OtroLunes

9788423347247

Nada más separarse de su mujer, el personaje y narrador de esta novela se instala en Zaragoza –donde reside el autor, por cierto— y conoce a otro recién separado en horas bajas, Jacobo. Juntos se lamen las heridas, se hacen compañía y traban profunda y respetuosa amistad. La mala luz, de Carlos Castán (Barcelona, 1960), es un relato existencial, lo mejor es allí donde el personaje narrador alcanza a reflexionar con un calado que puede ser emocionalmente lúcido y hasta filosófico, dejándonos perlas de pensamiento continuas: “La conclusión de esta mezcla confusa de recuerdos e ideas que actúan como si tuviesen vida propia y se posan a veces sobre mis sesos es que las cosas por las que daría mi vida no las tengo ya. O las he perdido o me he perdido yo, pero el caso es que extiendo las manos y no toco nada”.

Deambula este personaje narrador por la vida (por Zaragoza, por París…) y confunde su identidad con el autor, auto ficcionalmente. Carlos Castán describe minuciosamente, con sentido y elegancia de pensamiento, el estado de estupefacción del personaje tras su pérdida. Lo sitúa ahí, en la ciénaga de sus propias emociones, tratando de sacar la cabeza al aire sin ser capaz, al borde de cometer de pronto alguna tontería. El tempo del relato es magnífico, adecuado a lo que narra, el estilo es abierto como una flor, en absoluto oscuro, a pesar de las turbulentas emociones que trata. “Descansar significa que nadie me vea”, concluye un capítulo. Su introspección es de una calidad estupenda, en absoluto melodramática o afectada, aportando continuamente ráfagas de consciencia y matices de valor. Acierta a reflejar este libro una suerte de paisaje emocional del hombre actual; reconocemos en el desamparo del narrador protagonista un desamparo que todos, tarde o temprano, hemos sentido. Solo, en París, a donde ha ido a perderse, comenta que recuerda que “tras cerrar los ojos me acariciaba el pelo a mí mismo imaginando que mi mano era de otra persona, de cualquiera, de alguien que sabe que mi corazón está lleno de pozos amargos a los que no quiere asomarse del todo pero tampoco pasar de largo”. Lo curioso es que bien avanzada la novela se percibe cierta tensión propia de un thriller, aunque quizá no tanto, al producirse una nueva pérdida (segunda pérdida que, debido a la naturaleza órfica del personaje nos resulta inevitable, en absoluto sorprendente; incluso, en cierto modo, previsible, si se quiere; y sin embargo parece ser que pudiera resultar “inverosímil”).

Sin embargo, lo que resulta imperdonable se encuentra en la contraportada y es un problema de edición –en absoluto de la novela—, y es ese anuncio de que tenemos entre nuestras manos “un thriller que se lee en absoluta tensión”. La naturaleza de este relato es bien otra. Flaco favor le hace esa falsedad si lleva a alguien a comprar la novela creyendo que es un thriller. Incluso quien llegue a la novela sin conferir la menor importancia a esa “información” se verá extrañado.

La novela es muy recomendable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s